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15/12/12

Más del 80% cree que la Argentina no está lista para juicios por jurado

El 80% de la población rechaza los jurados

En una encuesta que realizó Tribuna de Periodistas, los participantes indicaron, en su gran mayoría, que ni el país ni la sociedad argentina está preparada para implementar el juicio por jurados. Y por cierto, no se equivocan.

Más del 80% argumentó, entre otras cosas, que la corrupción, la ignorancia y la mano política podrían encerrar a unos cuantos inocentes. Además de dejar libres a unos cuantos culpables. No se trata de temores infundados, porque está demostrado que los jurados son más permeables a la corrupción, más proclives al error judicial y más influenciables.

La tarea de juzgar no la puede realizar una persona (o doce personas) sin ningún conocimiento jurídico. Tampoco es posible juzgar sin fundamentar las decisiones que se toman respecto de la vida y libertad del reo y a los derechos de las víctimas.

Es por eso que ningún país podría jamás estar listo para los juicios por jurado, que ponen la labor de juzgar en cabeza de doce personas no preparadas ni capacitadas, que deciden conforme la oscura e inescrutable “íntima convicción”, sin fundamentar en nada las razones del veredicto absolutorio o condenatorio que se toma.

Los porcentajes indicados se encuentran avalados por la mayoría de los relevamientos realizados por medios periodísticos, e incluso por la encuesta que hemos abierto en este blog. Esto nos demuestra que los promotores de los juicios por jurados no recogen la voluntad de la ciudadanía, sino la propia, motivada en intereses personales que nada tienen que ver con el bienestar de la población.

14/12/12

El juicio por jurado es muy costoso

El juicio por jurados es un despilfarro económico

El juicio por jurados es muy costoso. De hecho, es el más caro de todos los sistemas de juzgamiento existentes.

En primer lugar, hay que tener en cuenta un gasto "base", por llamarle de algún modo, que han sido los simulacros publicitarios, la preparación de software, los libros y materiales instructivos, la depuración del padrón electoral, el personal específico para hacer funcionar el sistema y muchas cosas más que ha significado un número sideral (cientos de millones de pesos).

Y por supuesto, la adaptación de todas las salas de audiencias de la provincia (para que puedan albergar tanta gente) y la creación en todos los tribunales del espacio físico donde el jurado pueda permanecer mientras no haya juicio y pueda deliberar para dictar su veredicto.

Después hay que considerar lo que le podemos llamar un gasto "oculto" que está relacionado a la notificación de no menos de 48 jurados por cada juicio, que hay que duplicar en caso de que no comparezcan (lo que ocurre muy a menudo), y toda la infraestructura para hacer eso con cada debate.

Por último, existe un gasto "visible" que es el que se produce en la realización propia de cada audiencia de juicio.

La ley estipula, en carácter de compensación diaria, una determinada suma de dinero para cada jurado equivalente a dos jus. Siendo 18 los miembros del jurado (12 titulares y 6 suplentes) se produce una erogación extra de aproximadamente un sueldo mensual de juez por cada juicio que se realiza. Es decir, por la misma suma de dinero que un juez realiza varios juicios orales, el jurado sólo realiza uno. Pero el sueldo del juez no se ahorra: tan sólo se suma el gasto del jurado.

A esto se debe adicionar el costo de alojamiento de los miembros del jurado cuando ellos provengan de otro departamento judicial. Los gastos de transporte y manutención previstos en la ley para los jurados que no tienen medios. El costo de la custodia y seguridad, que va a requerir programas de protección a los jurados.

El juicio por jurados cuesta mucho, hay que poseer una estructura administrativa que no existe, se debe dotar a los fiscales de facultades y presupuestos que no tienen, hay que ampliar edificios y crear una logística que no se tiene. En suma, el gasto extra por año es equivalente al costo de un barrio de 100 viviendas, es decir, 100 nuevas familias cada año podrían tener vivienda propia si se ahorrara en juicio por jurados.

Alguien dirá: el costo es importante, pero hay que ver los beneficios... ¡Y ahí está el problema! El juicio por jurados encima que es caro, es inmensamente peor. Se paga más para perder calidad en la justicia penal. Cada peso que se invierte en juicio por jurados es un peso tirado a la basura o al inodoro.

La pérdida de calidad en la administración de justicia se aprecia en dos aspectos: 1°) en primer lugar, porque la labor del jurado siempre es más proclive al error judicial que la realizada por un juez letrado, y 2°) porque en el afán de ahorrar dinero y no tener que afrontar los altos costos de realizar una audiencia en varias jornadas, con el consecuente pago de hotel, viáticos, retribución y comida, las leyes procesales imponen a los jurados realizar juicios en jornadas agotadoras y extensísimas, que además de transformarse en una tarea inhumana, se obtiene como resultado que el jurado —a pesar de la enorme responsabilidad de resolver sobre la libertad del imputado y los derechos de las víctimas— no logra por cansancio y falta de concentración, prestar atención y entender gran parte de lo ocurrido en el debate.

Todo contribuyente que pague más por algún servicio (en este caso, el servicio de justicia), pretende obtener algún beneficio. Lejos de obtener alguno, con el juicio por jurados el ciudadano recibe 10 perjuicios, más otros 10 perjuicios y además colapsa la administración de justicia.

El juicio por jurado ha fracasado en el mundo

El juicio por jurados es un fracaso a nivel mundial

Es muy común oír decir que el sistema de jurados se aplica en otros países con éxito o que es más exitoso que el juicio por jueces letrados. Nada más errado. El juicio por jurados ha fracasado en todo el mundo.

En Estados Unidos el juicio por jurado es un fracaso que se cobra víctimas todos los días. Como el juicio por jurado es caro y lento, sólo pueden realizarse un mínimo porcentaje de juicios (2% o 3%). Es así que se otorga a los fiscales una enorme capacidad de negociación respaldada en la amenaza de penas desmesuradas. Los reos inocentes se ven a diario en la disyuntiva de admitir que son culpables (aunque no lo sean) para cumplir una pena que les permita salir libres algún día, o someterse al peligro de ser condenados a penas eternas en manos de un jurado ignorante y vindicactivo. Los reos culpables, en la vereda opuesta, tienen en el jurado una posible escapatoria a la pena. La consecuencia de este perverso sistema que tan "exitosamente" se ha aplicado en EE.UU. ha sido la comisión de más de 1000 condenas erróneas en los últimos diez años. Hablamos de cifras comprobadas... ¡imagínense la cifra negra! Y naturalmente, no se contabilizan en el informe las absoluciones erróneas. Es célebre el caso O. J. Simpson en el cual primaron prejuicios raciales (el racismo tiene una enorme influencia en la justicia de EE.UU.) y la fama del victimario por sobre la justicia del caso.

En el Reino Unido tampoco los juicios por jurado tienen un buen desempeño. El sistema es tan retrógrado y oscurantista que registra una condena por brujería ¡en el siglo veinte! en el caso Duncan de 1944. También es tristemente célebre el caso Sally Clark en que una madre fue injustamente condenada de matar a dos de sus hijos reciennacidos que fallecieron por muerte súbita, con sustento en absolutamente ninguna prueba, sino tan sólo en un guarismo estadístico (que encima era incorrecto). Es por este rotundo fracaso de los jurados, su elevado costo y los problemas que adicionan los modernos medios de comunicación (p.ej., la amenaza de Twitter), que el Reino Unido está haciendo una paulatino abandono del juicio por jurado.

En España el fracaso no pudo ser más dramático, siendo todos los informes extremadamente críticos. En menos de diez años de aprobada la ley de juicio por jurado, ya era una instutición avocada a su desaparición. No es para menos, teniendo en cuenta la cantidad de horrores judiciales que dieron origen. El más célebre de todos ha sido el caso Wanninkhof, en el que una mujer fue condenada de matar a una amiga sobre la base de ninguna prueba, debido al clamor popular existente (luego fue atrapado el verdadero autor).

El fracaso en Latinoamérica ha sido rutilante. Fracasó en Argentina, en Colombia, en Costa Rica, en Nicaragua, en Venezuela, en Panamá, entre otros.

Lo cierto es que el juicio por jurados es un verdadero, rotundo y comprobado fracaso en todo el mundo.

El juicio por jurados perjudica a la gente

El juicio por jurados es una trampa que sólo perjudica a la gente

Los ciudadanos exigen justicia. Es un reclamo legítimo que hacen a los dirigentes, porque la inseguridad es un enorme flagelo. Lo que ninguna persona exige es que, además de no resolver ningún problema (el juicio por jurados agrava la inseguridad), encima le compliquen aún más la vida.

¿Se imagina usted tener que estar ocho horas durante cinco días a disposición de la justicia para realizar un juicio? Son cinco días en los que tendrá que viajar a los tribunales a la mañana temprano para volver a su casa bien entrada la tarde.

Usted deberá pagarse el transporte, la comida, la bebida, salvo que acredite que no tiene capacidad económica.

Son cinco días sin poder trabajar. Si usted es el empleador del miembro del jurado, tendrá que pagar a su empleado como si estuviese trabajando. Si usted es un jurado que trabaja por su cuenta, perderá su fuente de ingreso durante esos días.

Son cinco días en los que tendrá que conseguir a alguien para que cuide a sus hijos, a sus padres o cualquier familiar que usted tenga a su cargo. Persona cuyos servicios deberá pagar de su bolsillo.

¿Usted disfruta en familia de los feriados y fines de semana? Los juicios siguen los sábados, domingos, el 25 de mayo, el 9 de julio o cualquier feriado. ¿Usted se iba a tomar vacaciones? Tendrá que cancelarlas para integrar el jurado.

Usted pensará que ser jurado es opcional. ¡Falso! Ser miembro de un jurado es una carga pública.

Un cálculo preliminar ―el más optimista de todos― es que el promedio de duración de los juicios sería de unos cinco días. Pero hay causas que pueden extenderse entre diez y quince días. Por no contar con las causas más excepcionales (de las que hay una o dos al año) que pueden llevar más tiempo aún (una causa como Cromagnon a un jurado no le llevaría menos de dos años). ¡Sólo hay que imaginarse tener a 18 personas durante todos esos días ocho horas atrapados en un juicio oral!

¿Y si usted no queda entre los 18 seleccionados, sino entre los 30 rechazados? Al menos tendrá la suerte de perder un solo día, el cual naturalmente no será remunerado y durante el cual deberá solventarse sus gastos.

¿Y si usted no concurre a la convocatoria? La ley prevé que en caso de incomparecencia sea traído por la fuerza pública (un patrullero va a su casa y lo trae por las buenas o por las malas a los tribunales).

29/4/12

Por plata baila el mono... ¿y el jurado?

El jurado en manos del mejor postor

Los promotores del juicio por jurados argumentan: “Es más fácil sobornar a un juez que a doce jurados. Por eso el jurado es menos permeable a la corrupción”. Como siempre, se trata de un argumento falaz destinado a atribuir al juicio por jurados supuestas ventajas que son inexistentes.

Para obtener un veredicto condenatorio en los delitos más graves, las leyes procesales exigen que la decisión del jurado sea unánime, es decir, es necesario que los doce miembros del jurado voten por la culpabilidad para condenar a una persona. Si uno solo de los jurados vota por la “no culpabilidad”, se impone absolver al encausado. Por ello, es falso que sea necesario sobornar a doce jurados para obtener un veredicto favorable: ¡sólo es necesario sobornar a uno solo!

En contraposición, en las causas que no interviene el jurado, debe actuar un tribunal criminal, es decir, un órgano compuesto por tres jueces. De modo que para obtener un veredicto favorable por parte de un tribunal criminal no basta con sobornar a un solo juez (como con el jurado) sino que se impone sobornar a dos de los tres jueces.

La pregunta que se impone es: ¿qué piensan que es más sencillo: hallar a un jurado sobornable entre doce personas sorteadas del padrón electoral o hallar a dos jueces sobornables entre tres jueces que han sido nombrados mediante concurso de idoneidad?

Y esa interrogante nos suscita una pregunta inquietante: ¿son todas honestas las personas sorteadas para integrar un jurado? Hagamos un ejercicio: si dejamos 12 billeteras con dinero en la vía pública con datos del dueño para que sean halladas por personas indeterminadas, ¿serán devueltas todas? Naturalmente no es lo mismo aceptar un cohecho que devolver o no una billetera, pero no hay que idealizar a las personas que conformarán el jurado, pues al no ser elegidas de ninguna forma, su honestidad no se puede testear de ningún modo.

La llamada “selección del jurado” no tiene nada de selección. Se trata apenas de una acotada posibilidad de veto que ejercen las partes sobre algunos de los jurados que ostensiblemente no les conviene. Las partes del proceso no procuran seleccionar un jurado justo y honesto, sino un jurado que falle como necesitan. No se selecciona al jurado, sino el veredicto que se desea. Y cuando hay dinero de por medio y muchos intereses en juego, los límites no existen.

No es casual que en países como Estados Unidos, de tradición juradista, existan buffetes de abogados con personal abocado a la investigación, seguimiento y cooptación de jurados. Y es previsible que en poco tiempo se genere en nuestro país un promisorio mercado judicial, una suerte de shopping jurídico cuyos beneficiarios serán siempre los criminales con menos escrúpulos y más ingresos.

“Lo que pasa es que los jueces son todos corruptos”, dice la gente. Doy fe de que muy pocos los son. La honestidad de la inmensa mayoría de los jueces está asegurada, porque a los jueces sí se los selecciona. En cambio, los juicios por jurado no garantizan en lo más mínimo la transparencia de la administración de justicia. Todo lo contrario: dan mayores chances a la corrupción.

Sin contar con que para obtener un veredicto favorable hace falta sobornar a menos jurados que jueces, lo que facilita la “compra” de un veredicto si interviene un jurado popular (recordemos que en EE.UU. el mafioso Al Capone logró en su momento comprar a todo un jurado), encima los jurados son presas mucho más fáciles. 

Imaginemos cómo pensaría un juez al que se pretende corromper. Le ofrecen dinero. ¿Qué hace? ¿Lo toma? Y si lo toma, ¿qué riesgos corre? Un juez tiene mucho para perder. Lo primero es su reputación. También el trabajo, que es estable y no está mal pago. ¿Qué chances de quedar impune tiene? Pocas. Tiene el obstáculo de tener que fundar una sentencia a contramano de la prueba producida en el juicio, lo que enseguida le pondría al descubierto.

Ahora imaginemos cómo pensaría un jurado al que se pretende corromper. Si se deja sobornar, ¿qué arriesga? Nada. No tiene que sostener ninguna reputación y no peligra su trabajo, que nada tiene que ver con la tarea de juzgar. ¿Qué chances tiene de quedar impune? Todas. Como no tiene que fundar su decisión y su voto es secreto, nunca queda al descubierto y nadie lo va a poder juzgar jamás. ¡Es la coima perfecta!

Es un hecho comprobado que el jurado es mucho más permeable a la corrupción que los jueces. ¿Esto significa que con jurados habrá más corrupción? Es difícil saberlo. Pero lo cierto es que el peligro es mucho mayor y el control casi imposible.

Perverso instrumento de sujeción popular

El lema de los políticos es: juzgá vos así yo no me hago responsable

El juicio por jurado es un perverso instrumento de sujeción popular, ya que si la justicia funciona peor (lo cual va a pasar con los jurados), los gobernantes podrán decir: "la justicia está en manos de la gente, la culpa es de la gente". Es una forma que utilizan los gobernantes para quitarse toda responsabilidad en la administración de justicia.

¿Qué pasa si un inocente queda preso? ¡Así lo decidió el pueblo! ¿Qué ocurre si el culpable queda libre? ¡Ha sido la voluntad popular! ¿Quién responde ante las aberraciones de la justicia? Nadie, porque al jurado no se lo puede remover ni enjuiciar. El jurado es irresponsable. "El pueblo ha dado su veredicto", dirán los gobernantes y se lavarán las manos como Poncio Pilato.

4/4/07

Pueblo chico, infierno grande

El prejuicio vecinal

El juicio por jurados es extremadamente problemático en pequeñas ciudades. Donde la gente se conoce, habrá que ver si conviene que quienes saben vida y misterios de los demás integren los jurados. Allí el prejuicio es fácil, y el comentario de plaza substituye con frecuencia el difícil análisis de la prueba.

Substituir al jurado por gente de otra ciudad presenta problemas de tipo logístico y presupuestario. Se debe mudar a no menos de 18 personas de una ciudad a otra, darle alojamiento, alimentarla, pagarle los viáticos e indeminazarla por el dinero perdido en su trabajo.

La mudanza de jurados se hace en los países más ricos, pero a pesar de que cuentan con otras estructuras administrativas y una larga tradición en la materia no deja de ser problemático. Los gastos de justicia son inmensos, al punto que estos países ricos tienden a suprimir el juicio por jurados.

Los jurados tratarán de no concurrir a los tribunales

Así de vacíos acaban los estrados judiciales por el ausentismo de los jurados

El jurado es una selección de gente en las que están impedidos muchos de intervenir, y otros tratarán de no concurrir.

En este sentido debe advertirse que las excusas para no integrar jurados que pueden tener que pasar días enteros escuchando testimonios y pruebas, serán muchas.

Los candidatos a jurado, además, temen involucrarse en una actividad que los habrá de exponer cara a cara con personas criminales. Temen juzgar. Temen condenar. Temen por las represalias del imputado o las víctimas.

Cada quien tiene su propia ocupación laboral, sus obligaciones familiares y una vida personal que se ve perjudicada por la obligación de asistir como jurado en una causa penal.

Es natural que los ciudadanos se valgan de todas las excusas a su alcance para evadir la obligacion de ser jurados. Nadie les puede culpar por ello.

¡Si estas excusas se ven a menudo en las mesas electorales para un simple domingo o cuando alguien debe declarar como testigo ante los tribunales!

Hay países donde la justicia penal está paralizada por falta de jurados. En el mejor de los casos, la convocatoria de jurados se transforma en la tarea para ardua de todo el proceso penal.

Los ciudadanos tienen toda la razón: juzgar no es su deber, no estan capacitados para ello, nadie debiera obligarlos a ser jurados.